Melancolía y la letra efe
Todo lo que aquí es realidad no es ficción, y viceversa.
sábado, 21 de abril de 2018
domingo, 10 de diciembre de 2017
"Nado"
Es como un sueño lúcido. Aunque nunca he tenido un sueño lúcido, pero debe sentirse parecido. El espacio es tan real, así como mi propio cuerpo. Lo más extraño de todo es que yo no sé nadar. ¿Cuándo aprendí a mover así los pies y los brazos? Es algo tan nuevo para mí sentir el cuerpo rodeado de agua, flotando al interior de esta hídrica masa. Pero por otro lado, me siento muy segura de esto. Tengo sensaciones que me resultan familiares, aunque no sé de dónde vienen. No, es otra, es otra la que lo siente. Esto sólo es un cuerpo prestado, y puedo percibir sus sensaciones; de otra manera, no podría estar nadando así. ¿Y cómo llegué aquí? Ya falta poco para alcanzar la superficie. Quizás allí lo sepa.
Pero estás perdiendo el foco, lo estás perdiendo. Creo que esto tiene algo que ver con Brian Weiss. Sí, eso es, yo estaba en su terapia. ¿Pero cuándo? ¿Hace ya muchos años, no es así? Sin embargo, este mar me resulta nostálgico y lejano. Es tan hermoso observar su grandeza rodeándome, meciéndome, apropiándose de mí como un animal enorme… ¡Cielos, pero si tengo los ojos abiertos bajo el agua! No puedo creerlo, aquello siempre me irritó. No, no, Brian Weiss me diría que son mis ojos, sí que lo son. ¿Y quién es Brian Weiss? No estoy muy segura ya, creo que lo estoy olvidando. Hace muchos años creí verlo, aunque podría apostar a que me equivoco. Claro que vi su rostro hace unas horas, justo cuando me estaba sumergiendo. Algo así, quizás eso tenga más sentido. ¡Qué lejos parece aún el final de este recorrido! Nunca contemplé visión más bella del mundo, desde abajo del agua. Se ve tan extraño lo que hay ahí arriba, pero ambas estamos seguras de que lo que nos depara es el hogar, nuestro hogar.
¿Debería entonces confiar en Brian Weiss? Ya no me siento muy a gusto con esto. Algo va a ocurrir. ¡Pero ella no lo sabe! ¿Cómo se lo voy a decir? No, no, nadie tiene derecho a decirme la verdad sobre mis experiencias. Sólo yo conozco mis experiencias. Sólo yo sé lo que siento, y no me consta que todo esto sea real. ¿Qué se ha creido ese tal Brian Weiss, que me dice que este es el recuerdo de una vida pasada? ¿Cómo asegura que no es todo un simple simbolismo de mis temores hacia el mar? Tal vez ni siquiera se sienta así el nadar desde el fondo de un océano. No, sólo yo tengo el derecho de decidir sobre esta situación. Tal vez ni siquiera existe ese tal Brian Weiss. Tal vez ésta, y sólo ésta, he sido yo la vida entera.
Pero ya no quiero seguir aquí, algo va a suceder. ¡Ya está a punto de pasar, estoy tan segura! No podré soportalo. ¡Por favor, sáqueme!
domingo, 1 de octubre de 2017
"¿Dónde habita la humanidad?"
Primero se quitó la ropa. Una a una fueron cayendo sus prendas en el abismo. El abrigo, los zapatos. Los calcetines, la blusa. Los pantalones, la ropa interior.
Luego fue el maquillaje. Mirándose al espejo que la reflejaba, tomó un pañuelo y se limpió del rímel, el delineador, las cremas, el labial.
Después, fue su actitud. Poco a poco se dejó vencer por la calma y el silencio. No juzgó nada, no hizo preguntas. Apaciguó su personalidad, su tan familiar y compañera personalidad, hasta quedar como un mero cuerpo, una mera masa suspendida en ese espacio.
Luego avanzó en su interior. Por dentro, sus huesos y músculos, su sangre y sus órganos, eran como el de cualquier otro humano. Su carne, constitución de toda aquella maquinaria, estaba hecha del mismo material que cualquiera de su especie.
Su cerebro era igual al de todos.
Su alma, aún no la conocía.
Se veía pálida, limpia y pasiva. Sus ojos estaban negros y ya no brillaban. Moría, y había olvidado ya todo lo que fue en el pasado: Sus familiares, amigos, experiencias. Ahora carecía de conciencia de sí misma, tal como si fuera un animal.
Se olvidó de sus músicos favoritos, de las modas, de sus objetos personales. Olvidó su cultura, sus gestos, las palabras aprendidas. Olvidó que se había teñido el cabello de rosado y luego de azul eléctrico en las puntas. Olvidó su celular, los accesorios que la hacían ver divertida, la ropa que recortó para verse más atractiva. Olvidó sus fanatismos, sus ganas de ir a ese concierto, a esa fiesta. Olvidó las conversaciones insustanciales que tuvo, pero también aquellas que marcaron su vida.
Y también olvidó esos momentos de soledad, donde se permitía pensar y hacer cosas que a nadie le comentaría nunca. Y olvidó sus temores, sus grandes penas, sus momentos felices junto a todos esos seres que alguna vez creyó conocer.
Tan sólo recordaba ese vago sentimiento instintivo que surge cada día sin que uno lo note, cuando se captan estímulos en el ambiente y el subconsciente reacciona con un gesto imperceptible.
Desnuda, opaca e inmaculada, miró su reflejo y no lo entendió. Era como una planta, un ser vegetal que ha quedado enraizado en un sector del mundo.
Pero la brisa fue más fuerte, y la derribó de un soplido. Su cuerpo cayó al abismo, desplomándose entre las rocas de la muerte, con un sonido hueco y duro.
No sintió dolor, ni temor, pues esa ya no era ella.
martes, 19 de septiembre de 2017
"Señor diablo"
Ángel - Señor Diablo, soy la nueva arcángel mensajera. He venido a entregarle la lista de desgraciados del año pasado.
Diablo - Excelente. Muchas gracias y suerte con tu nuevo puesto.
Ángel - Vaya...
Diablo - ¿Qué ocurre?
Ángel - Es que... pensé que el infierno era un lugar más... más infernal.
Diablo - ¡Oh! Esta es tan sólo mi oficina. Un ser tan luminoso como tú, moriría cruzando los laberintos y pasajes de mi mundo. Cada habitación cerrada que viste en el camino, es tan sólo una pequeña parte de la enorme colección de desgracias, tipos de torturas, de enfermedades, dolores, catástrofes y odio que se atesoran aquí. Por no mencionar el país entero. Pero no tienes permitido visitar más allá de mi edificio.
Ángel - Ahh... comprendo. Señor Diablo, nunca imaginé que fuera usted tan amable. De hecho me dio escalofríos cuando me dijeron que sería usted en persona y no un secretario o un guardia, o algo así, el que me recibiría.
Diablo - Ninguno de mis súbditos está capacitado como yo para recibir a un ángel. Aquí en el infierno yo soy el que se encarga de enviar todo tipo de desgracias al mundo. Sólo puedo ser yo quien monitoree las descargas de oscuridad en él. Fácilmente mis súbditos podrían perder el control y maltratar injustamente a seres inocentes. Y yo sólo trabajo con justicia.
Ángel - ¿Justicia dice? ¿¡Cuándo puede ser justo que un niño sufra!?
Diablo - Cuando es necesario para el aprendizaje, cuando él mismo se lo busca, cuando lo merece o cuando está capacitado para sacrificarse en beneficio del aprendizaje de otros. Es un asunto verdaderamente complejo y dudo que lo llegues a entender bien por ahora. Pero Dios y yo somos un equipo.
Ángel - No sabía eso. Creo que me debieron hablar más de usted al enviarme. Lo único que me dijeron fue cómo llegar, y venía llena de terror y de dudas.
Diablo - Es un acuerdo que no lo hicieran. Es más fácil que te introduzcas aquí por primera vez con el sentimiento de temor. Además, ellos sabían que yo te explicaría.
Ángel - ¿Para entrar aquí hay que tener sentimientos negativos?
Diablo - No necesariamente para arcángeles y similares. Pero sí para todos los demás.
Ángel - ¿Y para usted?
Diablo - Yo soy el sufrimiento en persona. Vieras todas las cosas que veo yo cada día. Además tengo la obligación de acumular ira y malas energías para el trato con mis súbditos. Sino, nada aquí funcionaría.
Ángel - Pero parece usted tan cuerdo...
Diablo - Por lo mismo soy yo el jefe.
Diablo - Excelente. Muchas gracias y suerte con tu nuevo puesto.
Ángel - Vaya...
Diablo - ¿Qué ocurre?
Ángel - Es que... pensé que el infierno era un lugar más... más infernal.
Diablo - ¡Oh! Esta es tan sólo mi oficina. Un ser tan luminoso como tú, moriría cruzando los laberintos y pasajes de mi mundo. Cada habitación cerrada que viste en el camino, es tan sólo una pequeña parte de la enorme colección de desgracias, tipos de torturas, de enfermedades, dolores, catástrofes y odio que se atesoran aquí. Por no mencionar el país entero. Pero no tienes permitido visitar más allá de mi edificio.
Ángel - Ahh... comprendo. Señor Diablo, nunca imaginé que fuera usted tan amable. De hecho me dio escalofríos cuando me dijeron que sería usted en persona y no un secretario o un guardia, o algo así, el que me recibiría.
Diablo - Ninguno de mis súbditos está capacitado como yo para recibir a un ángel. Aquí en el infierno yo soy el que se encarga de enviar todo tipo de desgracias al mundo. Sólo puedo ser yo quien monitoree las descargas de oscuridad en él. Fácilmente mis súbditos podrían perder el control y maltratar injustamente a seres inocentes. Y yo sólo trabajo con justicia.
Ángel - ¿Justicia dice? ¿¡Cuándo puede ser justo que un niño sufra!?
Diablo - Cuando es necesario para el aprendizaje, cuando él mismo se lo busca, cuando lo merece o cuando está capacitado para sacrificarse en beneficio del aprendizaje de otros. Es un asunto verdaderamente complejo y dudo que lo llegues a entender bien por ahora. Pero Dios y yo somos un equipo.
Ángel - No sabía eso. Creo que me debieron hablar más de usted al enviarme. Lo único que me dijeron fue cómo llegar, y venía llena de terror y de dudas.
Diablo - Es un acuerdo que no lo hicieran. Es más fácil que te introduzcas aquí por primera vez con el sentimiento de temor. Además, ellos sabían que yo te explicaría.
Ángel - ¿Para entrar aquí hay que tener sentimientos negativos?
Diablo - No necesariamente para arcángeles y similares. Pero sí para todos los demás.
Ángel - ¿Y para usted?
Diablo - Yo soy el sufrimiento en persona. Vieras todas las cosas que veo yo cada día. Además tengo la obligación de acumular ira y malas energías para el trato con mis súbditos. Sino, nada aquí funcionaría.
Ángel - Pero parece usted tan cuerdo...
Diablo - Por lo mismo soy yo el jefe.
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